
El problema del agua en el mundo se agrava intensiva y gradualmente, en el mundo no somos ajenos a esto que puede convertirse en la gran crisis de la humanidad en el próximo cuarto de siglo. 


El derroche, la irresponsabilidad, la falta de inversiones en infraestructura y la defectuosa administración del recurso insustituible están arrastrando a las personas a padecer un caos de consecuencias impredecibles si no actuamos con talento, responsabilidad y compromiso de todos para usar responsablemente este patrimonio fundamental de la humanidad.
El agua, elemento indispensable para multitud de actividades, se ha convertido en un bien público y social cuya conservación requiere un esfuerzo constante de investigación científica, de formación tecnológica y de discusión política.
Una nueva cultura del agua nos exige ampliar nuestra visión del preciado líquido, añadiendo a las facetas tecnológica y social otras dos: el respeto por el medio ambiente y un nuevo concepto del agua como bien económico, que por su escasez debe ser adecuadamente gestionado. Ignorar todo esto abrió el camino a la suplantación de culturas tradicionales por planificaciones tecnocráticas con la consiguiente degradación social, económica y medioambiental.
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